El 1 de diciembre de 2025, en el marco de la serie de conversatorios que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) organiza para el Cono Sur, especialistas de diversas instituciones académicas y de investigación, se reunieron para analizar uno de los desafíos más urgentes del mercado laboral chileno: los efectos del cambio demográfico sobre jóvenes y trabajadoras y trabajadores mayores de 50 años.

El diagnóstico fue claro: Chile está envejeciendo a una velocidad acelerada, y las políticas laborales vigentes fueron diseñadas para una realidad demográfica que ya no existe. La trayectoria lineal del pasado: estudiar, trabajar toda la vida, jubilarse, se ha fragmentado, y con ella, los supuestos sobre los que se construyeron el sistema de protección social y las instituciones laborales.
Informalidad: un mismo problema, causas distintas
Uno de los aportes más valiosos del conversatorio fue la diferenciación de la informalidad laboral según grupo etario. En el caso de las personas jóvenes, la informalidad está vinculada a la entrada al mercado del trabajo: falta de experiencia, baja valoración de la cotización previsional y estrategias de corto plazo. En contraste, en las personas mayores de 50 años, la informalidad es fundamentalmente un fenómeno de expulsión desde el empleo formal, impulsado por el edadismo, la precarización contractual y la necesidad de complementar pensiones insuficientes.
Este análisis tiene una consecuencia directa: las políticas de formalización solo funcionan si están diferenciadas. Una misma receta no sirve para realidades tan distintas.
Artículos relacionados
La OIT y el futuro del trabajo en Chile: diálogo, evidencia y acción
IA y trabajo: lo que el primer conversatorio de la OIT nos deja para reflexionar
Brecha de género: Mujeres trabajan 2 horas más en trabajos no remunerados
El edadismo, una barrera que también hay que nombrar
El conversatorio fue explícito al señalar el edadismo, es decir, la discriminación por razón de edad, como una de las principales barreras de empleabilidad para las trabajadoras y trabajadores mayores. Los prejuicios en torno a la supuesta obsolescencia tecnológica de las personas mayores persisten a pesar de la evidencia empírica que destaca sus atributos: responsabilidad, estabilidad y menor rotación. Más aún, el edadismo no solo cierra puertas en la contratación, sino que genera desaliento y contribuye a la desocupación de larga duración.
Las mujeres y el peso invisible del cuidado
El conversatorio también subrayó que las trayectorias laborales están marcadas por desigualdades de género. Las mujeres, en especial en cohortes mayores, presentan historias laborales más interrumpidas, mayor informalidad y una carga de trabajo de cuidado no remunerado que se traduce directamente en pensiones más bajas y menor protección social. A medida que el envejecimiento poblacional aumente la demanda de cuidados, este problema se profundizará si no se actúa con decisión.
Las y los especialistas concordaron en la necesidad de integrar explícitamente la dimensión del cuidado en el diseño de las políticas laborales, promoviendo la corresponsabilidad social y fortaleciendo los servicios de cuidado disponibles.
En SINTIK seguimos de cerca estos debates porque nos afectan directamente: nos toca navegar estos cambios en tiempo real. Por eso creemos que informarse, reflexionar y organizarse no son actos separados, sino parte de un mismo compromiso con condiciones de trabajo más justas y dignas para todas y todos.





