¿Cuándo fue la última vez que terminaste un libro? No nos referimos a un artículo o un hilo de redes sociales, sino un libro de verdad. Si la respuesta te genera algo de culpa, no estás sola ni solo en esto. El coach de productividad y estilo de vida Leo Babauta, creador del reconocido blog Zen Habits, lo admite sin rodeos: pasó casi un año entero sin leer ficción, absorbido primero por libros técnicos de ajedrez y luego simplemente, alejado de los libros.

Babauta identifica con claridad al responsable: la tecnología y las distracciones digitales. Las notificaciones, el scroll infinito y el consumo de contenido fragmentado han desplazado silenciosamente uno de los hábitos más enriquecedores que tenemos como personas. Y lo paradójico es que quienes más lo resienten son precisamente las lectoras y los lectores de toda la vida.
Pequeños cambios, grandes resultados
La buena noticia es que Babauta encontró la solución, y no requiere grandes sacrificios ni reorganizar toda la rutina diaria. Desde que retomó la lectura en noviembre, ha leído 15 libros. El secreto está en integrar momentos de lectura en espacios que ya existen en el día a día:
Leer 10 minutos por la mañana, junto al café, antes de encender el computador. Reservar los últimos 30 minutos antes de dormir para avanzar en un buen libro. Organizar «citas de lectura» en pareja o con amigas y amigos, ya sea en casa o en una cafetería, convirtiendo el hábito en un momento compartido. Tomar uno o dos descansos breves durante la jornada para alejarse de la pantalla y respirar con una página.
Y quizás el consejo más liberador de todos: armar una lista de libros que de verdad entusiasmen, y abandonar sin culpa aquellos que no conectan. Leer debe ser un placer, no una obligación.
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En un mundo laboral que exige conectividad permanente, algo que trabajadoras y trabajadores del sector tecnológico conocemos muy bien, recuperar el hábito de la lectura es también un acto de autocuidado. Es poner una frontera entre la pantalla del trabajo y el espacio personal. Es elegir un ritmo propio.
En SINTIK sabemos que el bienestar de nuestras socias y socios no termina cuando se cierra la sesión de trabajo. Por eso compartimos reflexiones como esta: pequeños hábitos sostenibles que nos ayudan a vivir mejor, a desconectar con intención y a reencontrarnos con lo que nos da alegría.




