En un nuevo contexto global marcado por el avance tecnológico, las trabajadoras y trabajadores jóvenes de América Latina enfrentan un escenario complejo para acceder a un empleo digno.

La paradoja de la IA en la inserción laboral
Según datos recientes de los informes Tendencias mundiales del empleo juvenil 2026: Regreso al futuro, y Juventud en cambio: Desafíos y oportunidades en el mercado laboral de América Latina y el Caribe, ambos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la tasa de desocupación en personas de entre 15 y 24 años triplica la de los adultos, mientras que la informalidad alcanza niveles significativamente superiores (1,3 veces mayor). A esto se suma que una de cada cuatro personas jóvenes en la región no estudia ni trabaja de forma remunerada, una realidad con un profundo sesgo de género, ya que dos tercios corresponden a mujeres dedicadas mayoritariamente a labores de cuidado no remuneradas.
Existe la percepción generalizada de que las personas jóvenes, por su cercanía con la tecnología, son quienes mejor se adaptan a la Inteligencia Artificial. Sin embargo, la realidad muestra una paradoja: muchas de las ocupaciones de entrada al mercado laboral, aquellas que tradicionalmente han servido como puerta de acceso para quienes recién comienzan su vida de trabajo, son justamente las que presentan mayor exposición a procesos de automatización y reestructuración de tareas. Esta transformación no ocurrirá de forma uniforme, sino que dependerá de la estructura productiva, los niveles de informalidad y la capacidad de las empresas para adoptar tecnologías.
Formación continua y nuevos perfiles profesionales
El avance acelerado de la IA en los sectores productivos exige una rápida actualización en la educación superior y en la formación técnico-profesional. Para evitar que el acceso al trabajo se vuelva más lento o excluyente, resulta urgente adaptar las competencias laborales a las demandas cambiantes del entorno digital. Esto requiere la construcción de un ecosistema de aprendizaje continuo a lo largo de la vida, donde participen activamente el sistema educativo, los centros de formación profesional y las propias unidades productivas.
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El futuro del empleo no dependerá de forma exclusiva de la tecnología, sino de las decisiones políticas y sociales que se adopten hoy. Para garantizar que la digitalización no profundice las brechas existentes, es indispensable consolidar un diálogo social tripartito entre gobiernos, empleadores y organizaciones sindicales. La inversión en políticas activas de empleo, programas de aprendizaje de calidad e institucionalidad laboral permitirá construir trayectorias de trabajo decente, inclusivas y sostenibles en el tiempo para las nuevas generaciones.
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