El 21 de enero de 2026, en el marco de la serie de conversatorios que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) organiza para el Cono Sur, especialistas de diversas instituciones académicas y de investigación se reunieron para analizar un fenómeno que no debería pasar desapercibido: la recuperación del empleo en Chile ha sido profundamente desigual, y hay sectores enteros que todavía no logran salir del hoyo.

Una recuperación que no llegó para todas y todos por igual
Una de las primeras conclusiones del conversatorio fue contundente: si bien algunos sectores superaron los niveles de empleo previos a la pandemia, otros acusan rezagos que no se explican solo por el golpe sanitario. Según la evidencia presentada, estos retrasos reflejan tendencias estructurales que ya venían de antes: cambios tecnológicos, demográficos, productivos y regulatorios que la crisis del COVID-19 no generó, sino que simplemente aceleró.
Los sectores con mayor rezago comparten rasgos que no son casualidad: alta informalidad laboral, escaso acceso a protección social, elevada rotación, predominancia de micro y pequeñas empresas, y concentración de trabajadoras y trabajadores con menor nivel educativo. Una combinación que los hace especialmente vulnerables ante cualquier shock económico y que limita seriamente su capacidad de recuperación sostenida.
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Agricultura y construcción: productividad que no se traduce en empleo digno
En el sector agrícola, los especialistas describieron una paradoja que vale la pena detenerse a observar: la productividad laboral ha crecido, impulsada por la incorporación de tecnología y cambios en la organización productiva, pero el empleo ha caído. A esto se suman la estacionalidad, los bajos salarios, la informalidad persistente y los efectos del cambio climático, que convierten a este sector en uno de los más expuestos del país. La escasez de trabajadoras y trabajadores en algunas regiones, vinculada también al rol de las personas migrantes, añade otra capa de complejidad al análisis.
En el caso de la construcción, el diagnóstico combinó factores coyunturales, como el encarecimiento del crédito y la caída de la inversión, con problemas estructurales: baja productividad, alta rotación, predominio de microempresas y escasa adopción tecnológica. El sector, muy sensible al ciclo económico, presenta además una gran heterogeneidad interna: conviven grandes y pequeñas empresas, trabajadoras y trabajadores altamente calificados junto a quienes no tienen certificaciones formales, e integrantes del mundo público y privado.
El trabajo doméstico remunerado: cuando la informalidad afecta más a las mujeres
Uno de los puntos más críticos del conversatorio fue el análisis del trabajo doméstico remunerado (TDR), que registró una de las caídas más abruptas del empleo formal en todo el país. La recuperación ha sido parcial y, sobre todo, informal, lo que ha incrementado la precariedad y reducido las horas efectivamente trabajadas.
Los factores que explican esta contracción son estructurales: cambios demográficos, transformaciones en la organización de los cuidados, mayor acceso de los hogares a tecnologías que reemplazan ciertas tareas y modificaciones en los patrones de demanda. Dado que el TDR es una actividad mayoritariamente desempeñada por mujeres, su retroceso tiene consecuencias directas sobre la participación laboral femenina, la autonomía económica de las mujeres y la organización social del cuidado en el país.
Políticas diferenciadas, evidencia robusta y diálogo social
Las conclusiones del conversatorio apuntaron en una dirección clara: no es posible abordar estos desafíos con recetas generales. Se subrayó la importancia de avanzar hacia políticas laborales diferenciadas por sector y categoría ocupacional, de fortalecer los sistemas de prospección laboral y de implementar políticas activas de reconversión y capacitación dirigidas a quienes trabajan en sectores con rezagos persistentes. También se destacó la necesidad de reducir la informalidad, mejorar el acceso a la protección social y articular las políticas laborales con las productivas, sociales y de cuidados.
En SINTIK seguimos estos debates porque nos importa saber qué está pasando en el mundo del trabajo más allá de nuestro propio sector. Entender las dinámicas del mercado laboral en su conjunto nos hace mejores representantes y trabajar aún más, por condiciones de trabajo más justas y dignas para todas nuestras socias y socios.





