A un año de la entrada en vigor de la Ley 21.561, que establece la reducción progresiva de la jornada laboral en Chile, los datos de la Dirección del Trabajo confirman lo que muchas trabajadoras y trabajadores ya venían experimentando: estamos trabajando menos horas y los contratos se están ajustando a la nueva realidad legal.

El informe más reciente del Departamento de Estudios de la Dirección del Trabajo muestra que el promedio de horas habituales trabajadas descendió de 43,2 horas semanales en el período previo a la ley, a 41,6 horas en el período posterior a su implementación. Esto representa una reducción efectiva de 1,6 horas semanales. Las horas contratadas también bajaron de 42,8 a 41,5 horas semanales, demostrando que el cambio no es solo en la práctica, sino también en los acuerdos formales.
Menos personas trabajando 45 horas o más
Uno de los cambios más significativos está en la distribución de las jornadas. Antes de la ley, el 56,7% de las trabajadoras y trabajadores asalariados del sector privado laboraba exactamente 45 horas semanales, y otro 19,6% trabajaba más de 45 horas. En conjunto, representaban el 76,3% del total.
Hoy, ese panorama cambió radicalmente. El tramo de 45 horas bajó a 25%, mientras que el segmento de «entre 41 y 44 horas» pasó a ser el más numeroso, concentrando al 36,9% de las trabajadoras y trabajadores. Además, quienes trabajan exactamente 40 horas aumentaron de 5,2% a 12,6%, un incremento de 7,4 puntos porcentuales.
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Todos los sectores avanzan, aunque a distinto ritmo
El sector primario (agricultura, pesca, minería) muestra la adaptación más acelerada, con más de la mitad de sus trabajadoras y trabajadores (53,4%) ubicándose en el tramo de 41 a 44 horas. El sector secundario (industria, construcción) también presenta ajustes importantes, mientras que el sector terciario (servicios) destaca por tener la mayor proporción de personas trabajando exactamente 40 horas semanales (14%).
Estos datos revelan que la transición no es uniforme, sino que responde a las particularidades organizativas y productivas de cada sector. Sin embargo, en todos los casos se confirma el mismo patrón: menos horas trabajadas y mayor cumplimiento de la norma.
En SINTIK celebramos estos avances, porque representan una conquista histórica de las organizaciones sindicales y del movimiento de trabajadoras y trabajadores de Chile. La reducción de la jornada no es un beneficio abstracto: significa más tiempo para descansar, para estar con nuestras familias, para cuidar nuestra salud y para vivir con dignidad. Seguiremos vigilantes para asegurar que estos derechos se respeten en cada lugar de trabajo, y continuaremos luchando por mejores condiciones laborales para todas y todos.




