Los mercados laborales de América Latina y el Caribe atraviesan un nuevo momento. Según un informe reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la región dejó atrás la etapa de recuperación pospandemia y hoy enfrenta desafíos más estructurales: la transición demográfica, las transformaciones tecnológicas y, especialmente, la persistencia de la informalidad laboral. Comprender estas dinámicas es clave para exigir políticas laborales más justas y efectivas.

La informalidad no es un solo problema
Uno de los aportes más interesantes del informe titulado Tendencias del mercado laboral en América Latina y el Caribe, es reconocer que la informalidad no representa una única realidad. Hay empresas que generan ingresos demasiado bajos para asumir los costos de operar formalmente, otras que sí tienen capacidad de hacerlo pero no encuentran incentivos suficientes, y también empleo informal dentro de empresas ya registradas que no formalizan todas sus relaciones laborales. Como señaló Ana Virginia Moreira Gomes, Directora Regional de la OIT, una microempresa que apenas logra sostenerse no enfrenta los mismos obstáculos que una empresa con capacidad de crecer que sigue operando de manera informal.
Formalización y productividad: un círculo virtuoso
El informe plantea que formalización y productividad se retroalimentan. La formalidad facilita el acceso a financiamiento, tecnología y protección institucional, mientras que una mayor productividad permite que las unidades económicas crezcan y reúnan condiciones para formalizarse. Por eso, la OIT recomienda combinar capacitación, financiamiento, protección social y acceso a mercados, en lugar de enfocarse solo en reducir trámites o aumentar la fiscalización.
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El panorama laboral de 2025 y lo que viene
El balance de 2025 muestra señales mixtas: la tasa de ocupación regional subió levemente, de 59,7 a 59,9 por ciento, y la desocupación bajó a 5,3 por ciento, su nivel más bajo en una década. Sin embargo, la participación laboral se mantuvo prácticamente estancada, lo que refleja un cambio discreto: la transición demográfica ya está modificando quién accede al empleo y qué tipo de oportunidades se generan.
Aunque el informe tiene foco regional, sus conclusiones nos invitan a reflexionar sobre la realidad chilena: la calidad del empleo no se mide solo por la tasa de desocupación, sino por las condiciones reales en que trabajamos. Fortalecer la protección social y la formalización sigue siendo una tarea pendiente y urgente.
En SINTIK creemos que entender estas cifras no es un ejercicio técnico, sino una herramienta de defensa colectiva. Mientras más comprendamos las causas de la informalidad y la precariedad, mejor podremos exigir políticas laborales que realmente protejan a las trabajadoras y trabajadores de nuestra región.





